La competencia internacional por el desarrollo de la inteligencia artificial está entrando en una nueva etapa. Después de varios años dominados por anuncios de inversión, estrategias gubernamentales y experimentación empresarial, la capacidad de convertir esos compromisos en aplicaciones concretas se ha convertido en uno de los principales factores que diferencian a las economías más avanzadas.

Así lo establece el informe AI Maturity Matrix 2026, publicado el 20 de octubre por Boston Consulting Group (BCG), que evalúa el grado de preparación y exposición a la inteligencia artificial de más de 75 economías a través de 33 indicadores. La investigación examina no solamente la capacidad tecnológica disponible, sino también las condiciones institucionales, económicas y laborales que permiten aprovecharla.

Uno de sus resultados más destacados es la incorporación de Japón y Corea del Sur al grupo de economías pioneras en inteligencia artificial, junto con Estados Unidos, China continental, Singapur, Reino Unido y Canadá. Según BCG, ambos países han avanzado mediante decisiones de inversión, desarrollo tecnológico y reformas regulatorias que han permitido acelerar sus capacidades.

La consultora identifica avances importantes en otras economías. Grecia, República Checa, Chile, Lituania, Ecuador y Nigeria, junto con Japón y Corea del Sur, ascendieron a categorías superiores dentro de la clasificación de preparación tecnológica.

El informe utiliza un marco de evaluación denominado ASPIRE, que considera seis dimensiones: ambición estratégica, habilidades profesionales, políticas y regulación, inversión, investigación e innovación, y desarrollo del ecosistema tecnológico. La combinación de estos factores permite distinguir entre países que anuncian objetivos ambiciosos y aquellos que cuentan con las condiciones necesarias para ejecutarlos.

La investigación también señala un cambio en la naturaleza del trabajo expuesto a la automatización. Hasta ahora, las mayores oportunidades de aplicación de la inteligencia artificial se han concentrado en actividades basadas en conocimiento, procesamiento de información, programación y tareas administrativas. Sin embargo, BCG prevé que los avances en robótica y sistemas autónomos amplíen progresivamente su influencia hacia la manufactura, la logística y otras actividades físicas.

Para República Dominicana, estos resultados plantean una cuestión de competitividad empresarial. En una economía con una participación importante de los servicios, el turismo, las actividades financieras y los procesos administrativos, la adopción de inteligencia artificial podría modificar los requisitos de productividad y las competencias profesionales necesarias para competir.

La experiencia internacional descrita por la consultora también sugiere que adquirir herramientas tecnológicas constituye solamente una parte del proceso. La disponibilidad de datos, la capacitación del personal, los sistemas de gestión y la capacidad de integrar nuevas soluciones a operaciones existentes condicionan los resultados empresariales.

Para las compañías dominicanas, esto abre un campo de decisiones que trasciende la contratación de aplicaciones de inteligencia artificial. La discusión incluye qué procesos automatizar, cómo proteger la información, qué habilidades desarrollar entre los empleados y de qué manera medir los beneficios económicos de las inversiones tecnológicas.

El principal hallazgo del informe es que la competencia ya no depende únicamente de quién adopta primero la inteligencia artificial, sino de quién consigue incorporarla con mayor eficacia a sus instituciones, empresas y procesos productivos. En ese escenario, las economías que conviertan la experimentación tecnológica en capacidades sostenibles podrían ampliar sus ventajas competitivas frente a aquellas que permanezcan en la fase de planificación.